Viajar sola y ser madre ¿acaso es eso posible?

Artículo de Silvia Moreno

En la teoría bastaría con desearlo pero en la práctica hacer un viaje sola sin los hijos resulta un poco complicado. No me estoy refiriendo al hecho de que para viajar, primero hay que superar la condición indispensable de tener con quién dejar a tus hijos mientras tu no estás. Esta dificultad, que dicho sea de paso no es baladí (¿qué persona y/o madre puede permitirse ese lujo hoy en día?) es ciertamente un obstáculo importante, en ocasiones insalvable.

 

Pero no es de esa limitación de la que hablo sino de otra encubierta y más sibilina, aunque no menos incapacitante. Me refiero a la «temeridad u osadía» de ser una madre que viaja sola.

 

Soy viajera por naturaleza, quizá por haber sido hija de emigrantes y haberme desplazado por el mundo desde que tengo uso de razón. Más tarde en cuanto mi poder adquisitivo me lo permitió continué viajando y seguí haciéndolo cuando tuve a mis hijos. He viajado embarazadísima y con una niña de dos años, por el mero placer de hacerlo.

 

Cuando escucho decir que con la llegada de los hijos los viajes se terminan sencillamente no lo puedo concebir.

Reconozco que la intendencia en estos casos es realmente complicada: he hecho viajes con maletas cargadas de pañales, biberones, calienta-biberones, botes de Dalcy y Apiretal, potitos, cereales, carritos, juguetes, cambiadores, saca-mocos y por supuesto he tenido que visitar centros de salud de medio mundo. Pero tengo en la memoria recuerdos maravillosos de viajes pasados y no los cambio por nada del mundo. Ahora a los niños les encanta hacer las maleta para ir a explorar territorios desconocidos.

 

Me encanta viajar con mis pequeños, sin embargo, tenía la espinita clavada de no haber hecho nunca un viaje largo sola, que no fuera por cuestiones de trabajo. Hace unos meses surgió una oportunidad y no me lo pensé. Me iría a Argentina por tres meses. Una vez resuelto el obstáculo de saber con quién dejar a los niños en mi ausencia empecé a organizar el viaje, y fue ahí cuando comencé a sentir el peso de la moral judeo-cristiana imperante en nuestra sociedad.

silvia-madre-viajo-sola

 

Cuando comentaba mis planes la primera pregunta que me hacían era siempre la misma: ¿Y los niños? ¿Te vas a marchar sin ellos? ¿Con quien se quedan?

Al principio no le di importancia y me limitaba a explicar pacientemente lo que sería de ellos mientras yo no estuviera, pero fui entendiendo que la cosa era más grave. Parecía que la principal preocupación de casi todos era que me iba al otro extremo del mundo y dejaba «solos» a mis hijos (por cierto, tienen 12 y 10 años). El hecho de que se quedaran con su padre y con la ayuda de los abuelos no parecía ser suficiente si faltaba yo como madre. La segunda reacción y debo decir que también muy frecuente era decirme: va a ser muy duro… (nunca sabía si se referían a mí, a ellos, o a ambos así que preferí no preguntar). En algunos casos las expresiones faciales me lo decían todo: ¿cómo puedes ser capaz de alejarte de tus hijos tanto tiempo por un viaje? Las caras de asombro, incredulidad y preocupación de algunas personas me hicieron sentir que estaba abandonando a su suerte a mis pequeñuelos… Hubo hasta quien dijo: «bueno, tres meses pasan pronto». De repente me di cuenta de que no era una mujer que se iba de viaje sino una madre que dejaba a sus hijos para viajar. Y tome conciencia de lo difícil que puede ser viajar sola si eres madre.

 

Los días previos a mi marcha, yo misma me angustié y me ví asediada por profundos sentimientos de culpa: ¿y si les ocurre algo mientras yo no estoy?  ¿sentirán que su madre los está abandonando? Me vi arrastrada por las reacciones de los demás y por supuesto por el efecto rodillo del mensaje que nos inculca a las mujeres desde que somos muy pequeñas: una buena madre es aquella que se entrega en cuerpo y alma a sus hijos olvidándose de ella misma. Desde luego una mujer que se va de viaje sola no parece que tenga opciones a ganar el premio a la mejor madre del mundo.

 

Sinceramente no me siento mala madre haciendo este viaje. No voy a dar una retahíla de explicaciones porque parecería que me estoy justificando y me niego a hacer eso. Pero a raíz de esta experiencia me surgen algunas reflexiones. Por ejemplo: A un hombre-padre con un proyecto de viaje parecido al mío ¿Le harían las mismas preguntas sobre sus hijos que me hicieron a mí? Si en ese caso los niños se quedaran con la madre ¿Se vería de igual forma que cuando yo dejo a los míos con su padre? No se porqué pero tengo la impresión de que las cosas en su caso serían diferentes… Esas reacciones a las que me enfrenté ¿No serán el resultado de asumir que el principal papel de una mujer en la vida es la maternidad y que una vez adquirido este compromiso su obligación moral es renunciar a ella misma para entregarse a ellos?

 

Cuando una madre se marcha de viaje sola se puede poner el acento en el hecho de que al dejar a sus hijos descuida sus funciones maternales. Sinceramente esto es lo que me han transmitido muchas personas. Pero otras miradas también son posibles.  Me gusta que mi niña y mi niño vean que su madre puede viajar sola. Me gusta el modelo de mujer que les ofrezco con esta experiencia. Quiero pensar que al tener una madre así, están aprendiendo que las mujeres podemos ser libres, independientes, atrevidas y valientes, además de madres. Me gusta que mis hijos sepan que su madre, al viajar sola, se hace más fuerte. Porque los viajes empoderan, y cuando se hacen a solas mucho más.

Ojalá mis hijos puedan viajar cuando sean mayores y se sientan capaces de hacerlos solos si así lo desean.

Me ha gustado decirles que haciendo este viaje estoy cumpliendo uno de mis sueños y transmitirles así la lección de que persigan ellos también los suyos.

Me parece incluso saludable la experiencia de estar separados (yo de mis hijos y ellos de mí).  Aprenderemos a relacionarnos en la distancia y eso contribuirá a que qué ambos seamos más independientes, sobre todo a nivel emocional.

Nos vamos a echar de menos mutuamente pero mi hija y mi hijo sabrán que los quiero de igual forma preparándoles la cena cada día o contándoles desde las antípodas mis experiencias como viajera en solitario. Se puede amar de muchas maneras.

 

Viajar sola y ser madre ¿acaso es eso posible? Desde luego que sí. Ojalá muchas madres pudieran experimentarlo… Otro gallo nos cantaría a las mujeres.

Soy consciente de que no muchas mujeres-madres cuentan con los recursos e infraestructura familiar suficientes para hacer viajes solas, pero esta no es la única barrera que tendrán que superar y es sobre estas otras limitaciones sobre lo que me gustaría seguir reflexionando en este blog.

Seguiré escribiendo para contar mi experiencia como viajera y como madre durante estos meses, con la esperanza de poder ayudar a otras madres que como yo, sientan la llamada del viaje en solitario.

 

Silvia Moreno

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lídia dice:

    Muchas gracias por este post de viajar sola siendo madre. Me he sentido tan identificada, en todo! Y me ha ayudado mucho a reafirmarme en mis ideas y valores. Felices viajes, mujeres valientes!

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  2. Beatriz dice:

    Me encanta encontrar a una madre valiente y sobre todo a una MUJER que no se quiere olvidar de sí misma. Gracias por este post que he leído en el momento que más necesitaba. Un saludo

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