Diario de viaje. Indonesia día 4

Día 4: Bali te acoge con los brazos abiertos, en casa de mis anfitriones de Airbnb encontré conversación, en mi inglés particular, pero suficiente para hablar incluso de cosas que no se pueden explicar, una gran historia de amor (la suya, claro), una enorme cama con mosquitera de cuento, una linterna y arte. Y ellos jamón ibérico, que no es malo llevar cosas con las que hacer canjes, eso me lo enseñó mi padre que siempre lleva vino, jamón o bufandas del Athletic para intercambiar por el mundo.


Me cuentan que en Bali hay 4 nombres y que se ponen a todo el mundo, sea hombre o mujer, y pienso en la identidad de cada uno.

Se nota un gran cambio en el carácter de la gente, respecto a Yakarta, y se agradece. Son amables y sonrientes, excepto cuando van a por los turistas en masa.

Hoy ha sido el día de dejarme llevar. Un transporte hasta uno de los templos que quería ir eran 15 euros, más la vuelta, y un coche para un día completo 50 euros, así que he recorrido el sur de la isla a mi aire con chofer, me ha llevado a sitios que no hubiera ido sola seguramente. He pensado que bastante es viajar sola como para ir escatimando. Acompañada me puedo arriesgar más a perderme y tardar 3 horas en llegar a un sitio en un autobús que a saber cuando pasa, pero así no me apetece.


Además, he decidido no estresarme con las fotos, estaría todo el rato pidiendo que parara el coche para hacer una foto, tanto que al final no lo he hecho y me he dedicado a los clicks mentales. Algunas de esas fotos que no hacemos se quedan más en nuestra memoria que las que si, suele ir unido a caras que me llaman la atención. Casi siempre hay una persona en esas fotos que me marcan pero no realicé.

Y de paso, me ha dado un ataque de perfeccionismo y he borrado como un 80% de las que he hecho porque me parecía que no tenían nada en especial. Se nota que no les gusta mucho que les hagan fotos, giran la cara al verte, y tampoco quiero forzar. Me llevo bien con mis pensamientos en general, siempre hay alguna excepción pero creo que me caigo bien. Hasta me rio sola, que es una de las cosas más difíciles de hacer.


Viajar sola te ayuda a conocerte en momentos difíciles. Hoy se me ha resbalado de las manos el teléfono y ha caído a una azotea de una altura como de un tercer piso. Pues viendo que ya no iba a caer más abajo, me he tomado la cerveza, temblándome las manos y un poco bloqueada, es cierto. Al caerse, me ha mirado un señor y le he encogido los hombros, he sonreído y he seguido con la cerveza. Luego he ido a jugármela para recuperarlo mientras dos balinesas me jaleaban (ahora pienso que igual me gritaban) pero premio!!! El teléfono funciona. Increíble mi suerte, porque en el

viaje anterior a Tailandia se cayó a la piscina. Es un superviviente.

De eso se trata a veces, de aguantar, como mi teléfono. Hoy le mando un beso mental a Steve Jobs, sin el móvil el viaje hubiera sido distinto. No digo peor, pero me está gustando vuestra compañía. Besos

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